Reto Módulo 1
LA MUJER Y EL DEPORTE
De todos los aspectos
en los que queda patente la desigualdad entre mujeres y hombre me llamó la
atención el deporte. ¿Por qué no estamos a la par? ¿En qué perjudica que las
mujeres hagan ejercicio? Entendía que en una sociedad machista la mujer es un
mero objeto estético cuya única función es satisfacer las necesidades, de todo
tipo, del “macho” pero igual que se las dejaba otros entretenimientos, incluso
determinados deportes como la equitación ¿Por qué la mayoría de ellos estaban
vetados a las mujeres?
Antes de entrar en las
“curiosidades” que me fui encontrando en la red, y que darían repuesta a mis
dudas, me gustaría dejar claros los conceptos y la importancia del deporte o la
actividad física para el ser humano.
Deporte es, atendiendo
a la definición de la RAE (Real Academia Española), la actividad física ejercida
como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a
normas. Y según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la actividad física es
cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos, con el
consiguiente consumo de energía, y llevada a cabo, tanto moderada como intensamente,
mejora la salud –ayuda a prevenir y controlar las enfermedades no
transmisibles, a prevenir la hipertensión, a mantener un peso saludable–, la
coordinación y puede mejorar la salud mental. Asimismo, el ejercicio es una
fuente de placer, de marcarse retos y conseguirlos y, practicado
colectivamente, potencia las relaciones sociales al compartirse emociones y
sensaciones. En fin, proporciona todo un conjunto de beneficios de tal
trascendencia para el ser humano que debería estar al alcance de cualquiera.
La equidad en el
deporte, es la equidad en una gran parte de los derechos humanos, es equidad en
salud, calidad de vida y bienestar; así pues, es un tema al que creo que se
debería dar más trascendencia cuando se habla de igualdad.
Y volviendo a las
preguntas iniciales, estas son las “curiosidades” con que me encontré en
relación a la mujer y el deporte, o la actividad física en general.
En la Grecia clásica el
deporte era concebido para fomentar la habilidad guerrera y atlética del
hombre. Los Juegos Olímpicos consistían en un conjunto de deportes concebidos
por ellos y para ellos.
El deporte moderno fue
usado como medio para educar a los jóvenes y reforzarles los valores que
socialmente se consideraban atributos solo masculinos –seguridad, capacidad de
decisión, liderazgo, etc.–
Durante el s. XVIII,
el puritanismo religioso y moral construyó un modelo femenino basado en la
fragilidad, la inseguridad y la escasa o nula capacidad intelectual como algo
natural, inherente a la mujer. Se consideraba que la actividad deportiva
constituía un perjuicio para sus futuros hijos; así, a las casadas se las
recomendaba no practicar equitación a horcajadas por el peligro para la vida de
su futuro hijo, si estuvieran embarazadas sin saberlo.
En el s. XIX se pensaba
que la bicicleta, al igual que la máquina de coser, llevaba a las mujeres a la
ninfomanía y que su uso podía desembocar en debilidades, enflaquecimiento y,
consecuentemente, en enfermedad.
Y ya en el s. XX,
aunque las mujeres empezaron a aproximarse a las actividades deportivas, la oposición
de los máximos responsables del deporte a nivel mundial, se vio reforzada por
médicos y por la Iglesia que solo aceptaban aquellos deportes que ayudaban a perpetuar
la imagen de la mujer como madre y esposa. De esta manera, todos aquellos que
reforzaban los valores reservados a los hombres estaban vetados a las mujeres
corriendo el riesgo las que se empeñaban en practicarlos, de ser marginadas y
maltratadas acusándolas de lesbianismo o marimachismo. Esto que parece de otro
siglo, recuerdo oírlo de pequeña, aunque sin consecuencias tan graves.
Actualmente, las
actividades físicas y el deporte aún tienen carácter social predominantemente
masculino, si bien es verdad que la situación mejora con el tiempo.
Según las estadísticas
del INE, Instituto Nacional de Estadística (Gráfico 1), la práctica deportiva continúa siendo superior en los
hombres que en las mujeres: 65,5% y 53,9%, respectivamente.
(En porcentaje de la población total investigada de cada colectivo)
Estas cifras suponen
incrementos respecto a 2015, de mayor intensidad en las mujeres, lo que implica
un ligero descenso en la brecha observada, aunque continua siendo alta (11,6
puntos porcentuales).
Si atendemos a la modalidad
deportiva, el INE nos proporciona los siguientes datos:
Como puede observarse
en la Tabla 1, sigue la tendencia marcada en los siglos anteriores de que las
mujeres practiquen deportes “femeninos” como patinaje, gimnasia suave,
actividades con música… llegando a superar en porcentaje de practicantes a los
hombres: 3.9% frente a 3.2% de hombres si se trata de patinaje, 34.8% frente a
22% en gimnasia suave y 11.1% frente a 3.9% en actividades con música. Brecha
que aumenta si los porcentajes los consideramos sobre la población que practicó
deporte, en vez de sobre la población total (Tabla 2).
Tabla 2. Personas que practicaron deporte en el último año según modalidad.
Tasas anuales respecto a población que practicó en el año.
(En porcentaje de la población que practicó deporte en el último año de cada colectivo)
Tal y como comenta
Marta Antúnez (profesora de educación física en Argentina): “Los estereotipos y patrones culturales
marcan ya una condicionante respecto a las niñas desde la infancia más
temprana; estos tratos diferenciados, (ejercidos por quienes son los
responsables de la socialización: padres, docentes, entrenadores), hacen que se
vayan cultivando las identidades tanto en las niñas, como también en los niños.
Por esto, se espera de las mujeres una diferencia en cuanto a rendimiento,
expectativas de éxitos, menor aptitud para la agonística, la competencia, el
entrenamiento, mayor aptitud para la creatividad e intelectualidad, la
sensibilidad. Estos patrones hacen que la identidad de la niña se desarrolle
bajo esas pautas, y aunque con la modernidad han ido perdiendo poder, aún hoy
influyen en la elección, predisposición, interés, actitud frente al deporte.
Las mujeres desarrollan el mismo interés por los deportes que los hombres,
al igual que en otras tantas actividades y profesiones, sin embargo, (y los
números son claros), aún no practican deporte en el ámbito competitivo como
competencia tanto como sus congéneres masculinos y por su parte, la psicología
asegura que se debe a la diferencia que tienen las mujeres respecto al
significado de la búsqueda del éxito y del rendimiento. Las mujeres tienden a
lograr el éxito sobre la base del dominio y mejoramiento personal (Gill). En
tanto los hombres buscan el resultado frente al oponente.(…) La actividad
física femenina (…), es aquella que puede hacernos más lindas, más flacas o más
jóvenes y encima nos prometa divertirnos! Así surge una elección de mujeres,
niñas y jóvenes por el fitness, la danza, el gimnasio, el trote, etc.”
Desde el momento que damos
juguetes distintos a los niños y a las niñas, los vestimos de manera diferente
desde la más tierna infancia, las adornamos, a ellas, con pendientes nada más
nacer, estamos dirigiendo sus elecciones futuras en todos los ámbitos, también
en el deporte. Los niños juegan con indios y vaqueros en sus caballos, las
niñas con la Nancy y sus vestiditos; con los niños juegan los padres al balón;
con las niñas, las madres a las muñecas… ¿Qué deporte van a elegir de mayores?
Sería importante que
se potenciara la práctica de deportes “de hombres” en las mujeres. No podemos
alcanzar la igualdad si estamos reforzando valores distintos según el sexo.
Dibujos animados donde
ellas practiquen los “deportes de ellos”; profesores que promuevan la práctica
de deportes colectivos donde ellos y ellas estén mezclados; competiciones típicas
de hombres con fines benéficos dónde se promueva la participación de las
mujeres (partidos de fútbol, baloncesto, carreras ciclistas … de mujeres en
ayuda p.ej. contra el cáncer de mama); mayor visibilidad de las mujeres que
destacan en deportes “de hombres”; son algunas ideas que podrían contribuir a
una mayor igualdad en el deporte y con ello una mayor igualdad en
socialización, salud, valores, habilidades incluso en éxito académico –según
investigaciones, entrenar la fuerza muscular y la capacidad motora parece
mejorar el rendimiento en la escuela–.



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